Córdoba. 1966.
Estudio del artista. Madrid. Piedra de Sepúlveda. 34 x 77 x 30 cm.
Dedicada a la ciudad donde Vassallo pasó su niñez, se trata de una mujer que se recuesta apoyada en su brazo izquierdo. Fuerte y rotunda, asemeja la representación de una diosa majestuosa. Con talla miguelangelesca, el escultor gaditano logra un prodigio de movimiento y ritmos perfectamente armonizados. La línea, iniciada en la pierna flexionada, se continúa con naturalidad a través del brazo derecho extendido y de los hombros, con el izquierdo flexionado como apoyo del rostro, firme y seguro. El peinado de corte clásico aporta personalidad y completa el acierto de la composición.

 

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