Restauración del retablo de la Transfiguración. 1958-1965.
Iglesia del Salvador. Úbeda (Jaen).

 

 
La categoría de Juan Luis Vassallo como escultor y su prestigio como imaginero le permitieron la realización de encargos tan importantes y de tan gran responsabilidad como las restauraciones de la Inmaculada de Montañés conocida popularmente como "la cieguecita", el San Cristóbal del mismo autor o el Jesús del Silencio de Pedro Roldán.
Pero por encima de todas destaca la restauración que hizo para la Sacra Capilla del Salvador de Úbeda, en la que trabajó durante varios años, sacrificando de buen grado mucho tiempo y algunos encargos. En el marco de un completo arreglo del templo, se le encargó la reconstrucción de las figuras de Moisés, Elías y los tres apóstoles destruidas totalmente y la restauración de la del Salvador, todas del grupo de la Transfiguración en el Monte Tabor, obra de Alonso Berruguete en el altar mayor de dicha iglesia, realizada por el artista renacentista hacia 1559. Como tantas obras de arte, resultó prácticamente destruida durante la Guerra Civil, de tal modo que la restauración ofrecía serias dificultades y no menos riesgos.
Sin embargo, Vassallo puso todo su cariño y conocimientos durante mucho tiempo de tal modo que al final el acierto coronaría su quehacer. En cuanto a la figura del Salvador, restañó las mutilaciones sufridas y las partes dañadas con gran sensibilidad y atención. Por su parte, para la realización de las cinco figuras destrozadas que se disponían a los pies del Salvador, estudió detenidamente la información gráfica que existía. Tras ello, se planteó la ejecución de un grupo que, sin ser una copia exacta del original, lo recordara por la disposición de las figuras, por las líneas generales de la composición y por el violento movimiento de las mismas, logrando un trabajo que evocara el espíritu de Berruguete, lo que, sin duda, tuvo que costar un gran esfuerzo a Vassallo, cuya producción religiosa se caracteriza por el equilibrio y la serenidad.
El resultado fue la realidad que hoy podemos contemplar en la que el gaditano nos dejó una obra actual que armoniza perfectamente con la imagen del Salvador que había tallado Berruguete. Esto no lo habría podido hacer un simple copista ni un imitador, sino un escultor con verdadero talento, minuciosa observación e impecable técnica. En definitiva, Vassallo volvió a lograr, con la humildad y la sencillez que siempre le caracterizó, una perfecta conjunción de lo nuevo con lo antiguo.

 

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